El templo


Hace años adquirimos un valle profundo de Argentina, sobre la ladera del Uritorco, el cerro más elevado de Córdoba. Este cerro, rodeado de leyendas, lugar muy destacado en la ufología mundial, antigua tierra sagrada de los indios “Coméchingones”, atrae desde hace numerosos años, a todos los sedientos de experiencias espirituales.

templo
Esta tierra se llama “Ojo de Agua”, porque un río de agua mineral pura se origina en un gran depósito con forma de ojo.
Este paraíso, abandonado desde hace mucho tiempo, presenta una vegetación exuberante y una fauna salvaje de lo más variada, en medio de las cuales tuvimos que encontrar y crear nuestro propio espacio.
El terreno ocupa ambos flancos del estrecho valle pero, una gran parte, está constituido por pendientes rocosas e impenetrables. Ofrece al visitante paisajes muy diferentes, a veces un gran jardín largo y amistoso, a veces jungla densa, misteriosa y amenazante, a veces pequeños rincones sombreados, que invitan a la contemplación. Una primera parte llana aparece a la derecha, en la subida al pueblo. Después de cinco minutos de marcha, entre dos zonas más salvajes, acompasado por el sonido de un arroyo, invisible y tímido, un gran claro aparece a la vista. Se franquea el río, que lo recorre a lo largo, y se sube algunos metros para desembocar en un pradera de pastos altos y silvestres, salpicado de árboles ganchudos.
El Ojo del manantial se encuentra a unos cien metros más arriba, disimulado por una espesa vegetación. Entre el manantial y el primer claro, que se ha convertido en el centro del templo, aparece un hermoso espacio verde, en suave cuesta, aderezado con grandes y majestuosos sauces. Este espacio permanece intacto, siguiendo la voluntad del Maestro Kosen.
Muchas personas vienen aquí en busca de OVNIs. Esperan durante noches enteras al pie del Uritorco, esperan, esperan, pero de OVNIs, nada. Como dijo una campesina del lugar, lo mas mágico aquí es el río. Y eso es verdad. Este agua posee un encanto, un espíritu suave, femenino y charlatán. Se oyen a menudo, a veces con estupor, en el sonido fresco de su curso ligero, voces humanas, galopes de caballos o melodías extrañas. Y se la encuentra cada vez, como a un viejo amigo.
Cuando llegamos en 1999 a practicar allí el campo de verano de un mes, no teníamos nada más que lo indispensable para nuestra práctica de zazen. Partiendo de esta práctica esperábamos ser aceptados por el lugar.
Hemos elegido usar los recursos que tenemos para construir nuestro templo, es decir: poco dinero, pero una gran capacidad de trabajo y la fe en el tesoro que recibimos del Maestro Deshimaru.
Y después de dos años, esto es lo que hemos construido: un edificio de más de 100 metros cuadrados, cocinas alimentadas con leña y un gran horno utilizando las técnicas de construcción de los indios “Coméchingones”; duchas de agua caliente alimentadas con agua del manantial; baños ecológicos, una pequeña casa para el maestro, y una remodelación completa de una parte del terreno en terrazas, que hacen al lugar funcional y agradable. Está de más precisar que hemos realizado todo este trabajo preocupándonos por la ecología y el respeto del entorno.
Actualmente practicamos allí todos los años, entre enero y febrero, el campo de verano del Hemisferio Sur.
Dos grandes estatuas de madera marcan la entrada al templo. Una es un monje gordo, simple y recogido. La otra es un texto esculpido con caligrafía tradicional sobre un viejo tronco en forma de dragón, que dice: están entrando al templo zen de Shobogenji. “Templo del Ojo de la verdadera Ley”.